económico. Este periodo coincidió con la presidencia de Mario García Meno¬
cal, un mandato gue tuvo como denominador común las intervenciones esta¬
dounidenses (1917, 1919 y 1924) y los conflictos partidistas.
Como fiel observador de la realidad, Fernando Ortiz desgranaba la situación
de amplia desuniön que reinaba en el panorama social y politico, que atribuia
a la falta de preparacion histörica de los cubanos, a la incultura general de los
grupos subalternos, a los “egoismos personales de los malvados”, a la deficien¬
te cultura de las élites — que las hacia incompatibles con el progreso mundial
—, a los intereses econdmicos extranjeros, a la debilidad de la psique cubana
ante las demandas de la civilizaciön y ala “desintegraciön de los diversos ele¬
mentos sociales de Cuba en razas y nacionalidades, a veces antagönicas”. De
nuevo las fricciones raciales se valoraban negativamente, como un obstäculo
frente a la identidad y la modernizaciön. Entre los remedios que, en aquel
momento, propuso Ortiz en este discurrir identitario estaba una vez mas la
“fortificaciön del sentimiento nacionalista, sin quijotismos santamente ilusos
ni xenofobias anacrénicas”*; habria que favorecer “la inmigraciön hispana,
acompaniada de nutridos contingentes europeos, de los pueblos avanzados,
para aumentar la importacion de brazos y, lo que es al menos tan beneficioso,
la importacidn de ideas”*’. Como si nos sumergiésemos en una maquina del
tiempo, recuperando planteamientos de etapas anteriores, el pensamiento de
Ortiz no aleja la duda de si un cierto blanqueamiento - cultural e ideolögico,
pero también étnico — favoreceria el fenömeno identitario; para el antropölo¬
go al menos, supondria un halo de esperanza, confiando en las posibilidades
de la juventud para acometer el proceso, la ünica fuerza capaz de amalgamar
de una vez por todas la ansiada identidad y modernidad cubanas:
“Y es en la juventud nuestra mäs firme fe... La salvaciön de un pueblo no puede
deberse fundamentalmente mäs que a su propio esfuerzo. Tenemos que rejuvene¬
cerlo todo en Cuba; o resignarnos a llorar la lenta agonia de un pueblo bueno que
moriria sin gloria, teniendo para un porvenir esplendoroso las mäs envidiables
El discurso en torno a la identidad y la escritura de la Historia es objeto de
una reflexiön inconclusa por parte de los especialistas. El pensamiento iden¬
titario en Cuba surgiö como una estructura ideolögica de oposiciön al poder
colonial, necesario para acompañar las luchas independentistas iniciadas a
mediados del siglo XIX. Las obras de intelectuales como José de la Luz y Ca¬
ballero, José Antonio Saco o Félix Varela fueron liminares para pensar cuales
® Fernando Ortiz: La crisis politica cubana. Sus causas y remedios, Revista Bimestre Cubana,
enero-febrero, 1919, 5-22.
Fernando Ortiz: La crisis politica cubana..., op. cit., 16.
51 Ibidem, 22.